
Por el compositor, escritor y productor musical Reynaldo Fernández Pavón
Los seres humanos de la antigüedad concibieron a los dioses a su imagen y semejanza, con emociones, rivalidades, amores y pasiones y el compositor Yalil Guerra ha escrito esta obra con el propósito de hacer sentir a los oyentes que el tiempo es una coordenada del espacio.
Los movimientos de esta sinfonía son seis:
Primer Movimiento:
“Poseidón”
El dios griego de los océanos y las inundaciones, su símbolo es el tridente, arma que utilizaba para agitar los mares y horadar la tierra. Posee un temperamento impulsivo y es la entidad regente de los navegantes.
Segundo Movimiento:
“Hera”
Esposa y hermana de Zeus, patrona del matrimonio, la familia y el nacimiento. es conocida por su carácter implacable y vengativo, especialmente contra las amantes e hijos ilegítimos de Zeus.
Tercer Movimiento:
“Zeus”,
El dios supremo de la mitología griega, rey de los dioses del Olimpo y soberano del cielo y el trueno. Gobierna sobre el orden cósmico, la justicia y el destino de los mortales.
Cuarto Movimiento:
“Afrodita”
La diosa griega del amor, la pasión, la belleza y la fertilidad. Nacida de la espuma del mar tras la caída de Urano, de una belleza tal que cautiva a dioses y mortales. A menudo se le representa con una concha marina, un espejo y rodeada de cisnes y palomas.
Quinto Movimiento:
“Apolo”
Apolo es uno de los dioses más influyentes de la mitología grecorromana. Desciende de Zeus y Leto, y es hermano gemelo de Artemisa. Se le reconoce como el dios de la música, la poesía, la profecía, la medicina y del sol.
Sexto Movimiento:
“Atenea”
La diosa de la justicia y la sabiduría. Representa la inteligencia racional. Protectora de las artes, los oficios y de la ciudad de Atenas.
Nos hemos reunido con el compositor y profesor Yalil Guerra para que nos concediera esta entrevista.
RFP: ¿Háblanos de esta mirada al Olimpo desde el siglo XXI?
Yalil Guera:
Tuve contacto con la Grecia de la antigüedad siendo estudiante con la lectura de la “Ilíada y la Odisea”. Más adelante, las figuras mitológicas reaparecieron en la cinematografía y en obras literarias que volvieron a llamar mi atención. Como compositor, decidí escribir una obra inspirada en estos dioses. Podía haber dirigido mi mirada hacia las deidades africanas o hacia los santos de la tradición católica, pero sentí la necesidad de explorar una ruta diferente, más amplia y universal. Esta elección cuenta, además, con numerosos precedentes en la historia de la música. Muchos compositores se han inspirado en la mitología griega y romana; entre ellos, Claudio Monteverdi, Christoph Willibald Gluck, Wolfgang Amadeus Mozart, Héctor Berlioz, Richard Wagner, Richard Strauss, Claude Debussy, Maurice Ravel e Igor Stravinsky, por mencionar algunos.
Abordar musicalmente a seis dioses del Olimpo en pleno siglo XXI representó un verdadero desafío. Tuve que imaginar sus personalidades, visualizar sus mundos y traducir en lenguaje musical aquello que iba leyendo, descubriendo y concibiendo durante el proceso creativo. Fue una experiencia intensa, exigente y, al mismo tiempo, profundamente gratificante.
Quizás las nuevas generaciones que entren en contacto con esta música sientan la curiosidad de investigar otras obras inspiradas en la mitología. Tal vez descubran también un universo de sonidos, símbolos e ideas musicales que hasta ese momento no habían explorado. Si la obra logra abrir esa puerta, aunque sea para un solo oyente, habrá cumplido también una importante función.
RFP: ¿Cómo concebiste musicalmente la representación de Poseidón, Hera, Zeus, Afrodita, Apolo y Atenea?
Yalil Guerra:
Debo confesar que la chispa de la creatividad continúa siendo un misterio para mí. Puedo pasar días, semanas e incluso meses sin escribir una sola nota. Sin embargo, de pronto aparece una idea y todo comienza a fluir con una naturalidad difícil de explicar, como si una fuerza mayor guiara el proceso creativo.
En muchas ocasiones, al terminar una obra y escucharla con cierta distancia, me pregunto: ¿de dónde surgió todo esto?, ¿cómo fue posible crear esta música a partir del silencio? No tengo una respuesta definitiva. Para mí, la creación conserva siempre una dimensión misteriosa que todavía no alcanzo a comprender plenamente.
Por supuesto, la formación musical proporciona las herramientas necesarias para desarrollar una idea, construir una forma, organizar el discurso y manejar los recursos técnicos del oficio. El estudio nos ofrece colores, conocimientos armónicos, contrapuntísticos y orquestales, además de un repertorio amplio de posibilidades. Pero ninguna de esas herramientas sustituye a la imaginación.
La imaginación es un don que recibo con profundo agradecimiento y con toda humildad. Tal vez sea mi mayor tesoro como creador, porque es allí donde reside la voz particular de cada compositor. La técnica puede enseñarse, perfeccionarse y ampliarse; la imaginación, en cambio, es la que permite transformar esos conocimientos en una experiencia artística verdadera.
Cuando comienzo a escribir, ocurre algo difícil de describir: la mente se desplaza hacia territorios desconocidos y empieza a establecer conexiones inesperadas. Poco a poco, casi como por arte de magia, la música toma forma. Ese tránsito entre el conocimiento, la intuición y el misterio es, para mí, una de las experiencias más profundas y fascinantes de la creación musical.
RFP: ¿Cuál es la estructura desde el punto de vista morfológico de esta sinfonía?
Yalil Guerra:
El término sinfonía puede generar cierta confusión, porque suele asociarse de manera inmediata con la forma sinfónica consolidada durante el Clasicismo, sin embargo, Los Dioses del Olimpo es también una obra programática, ya que parte de una idea extra musical definida, aunque no sigue un texto literario ni desarrolla una narración específica.
La obra está integrada por seis movimientos, cada uno dedicado a una de las divinidades que escogí para esta entrega. Me gustaría continuar explorando este universo mitológico en una obra futura dedicada a otros dioses, aunque ese será un proyecto independiente.
Desde el punto de vista formal, ninguno de los seis movimientos responde estrictamente a la forma Allegro-Sonata propia del Clasicismo. Cada uno posee una organización particular, determinada por el carácter, los atributos y la energía de la divinidad que representa. No obstante, la obra mantiene una concepción sinfónica por la amplitud de su desarrollo, la relación entre sus movimientos y la construcción de un recorrido musical de gran escala.
Además de su planteamiento programático, la obra posee la dimensión y la duración propia de una sinfonía. Su extensión total es de aproximadamente treinta minutos, lo que permite desarrollar ampliamente las ideas musicales y articular los seis movimientos como partes de una arquitectura general.

RFP: ¿Utilizaste sistemas de composición, tonal y post-tonal en esta sinfonía?
Yalil Guerra:
En esta obra me serví de todos los recursos que consideré necesarios, pero siempre procurando mantener mi estética y mi voz personal. No me interesaba aplicar un sistema compositivo de manera rígida o dogmática, sino utilizar cada procedimiento en función de las necesidades expresivas de la música.
En algunos momentos se perciben sonoridades modales; en otros, prevalece un lenguaje claramente tonal. También aparecen pasajes post-tonales que amplían, tensan o transforman el discurso armónico en determinadas secciones de la obra. Estos diferentes lenguajes no se presentan como mundos aislados, sino que conviven y se integran dentro de una misma concepción musical.
La combinación de consonancia y disonancia es una constante en mi repertorio. Por ello, incluso cuando recurro a elementos modales o tonales, estos suelen estar permeados por esa dualidad sonora. Me interesa especialmente el encuentro entre lo dulce y lo amargo, la luz y la oscuridad, la noche y el día, el aceite y el vinagre.
Esa convivencia de elementos aparentemente opuestos me fascina porque se parece a la vida misma: una unión compleja entre la felicidad y la tristeza, la serenidad y el conflicto, el amor y el rechazo. Para mí, la música adquiere una mayor profundidad cuando permite que esos contrastes existan y dialoguen dentro de una misma obra.
RFP: ¿Se acerca esta Sinfonía al Poema Sinfónico?
Yalil Guera:
Aunque esta obra comparte algunos rasgos con el Poema Sinfónico, no fue concebida propiamente como tal. No se desarrolla como un único discurso musical continuo ni sigue un poema, una narración literaria o un argumento específico. Su punto de partida son seis personajes mitológicos, y es precisamente esa inspiración extra musical la que la vincula con la tradición de la música programática y del Poema Sinfónico.
Considero que la denominación más clara y convencional sería la de sinfonía programática en seis movimientos. Cada movimiento funciona como un retrato musical de una divinidad y posee una identidad, un carácter y una estructura propios. También podría describirse como seis retratos sinfónicos reunidos dentro de una misma sinfonía, una definición que refleja con bastante precisión su concepción.
Otra posibilidad sería entenderla como un ciclo de seis poemas sinfónicos, ya que cada movimiento posee suficiente autonomía para ser interpretado de manera independiente. Sin embargo, los seis forman parte de una arquitectura mayor y adquieren su sentido completo al escucharse como una obra unitaria.
Por tanto, el hecho de que esté organizada en seis movimientos no impide que mantenga una relación cercana con la tradición del poema sinfónico. La conexión se encuentra principalmente en su carácter programático y en la intención de traducir musicalmente la personalidad, los atributos y el universo simbólico de cada dios.
Además, se trata de mi segunda obra orquestal de gran formato dentro del género sinfónico. Su duración aproximada de treinta minutos supera incluso la de mi Sinfonía No. 1, “La Palma Real”. Aunque está escrita exclusivamente para orquesta de cuerdas, su amplitud, su desarrollo y su concepción global responden plenamente a una intención sinfónica.
RFP: ¿Mendelssohn escribió 15 sinfonías para cuerdas, y conviven en sus orquestaciones elementos del Clásico tardío, del Romanticismo temprano y del barroco de Bach. ¿Hay puntos de contacto entre esta Sinfonía y esa concepción de estético-musical?

Yalil Guerra:
Considero que sí existen ciertos puntos de contacto, especialmente en la manera de dialogar con la tradición. Todo compositor incorpora en su obra, de forma consciente o inconsciente, elementos heredados del pasado. El legado de quienes nos precedieron permanece en las formas, los procedimientos contrapuntísticos, el lenguaje armónico, la instrumentación y la manera de construir el discurso musical. La creación nunca surge completamente aislada de la historia.
Mendelssohn escribió sus sinfonías para cuerdas durante su juventud. En ellas puede apreciarse tanto la influencia del contrapunto barroco como la claridad formal del Clasicismo y algunos rasgos de la sensibilidad romántica que posteriormente definirían su lenguaje. Naturalmente, su pensamiento musical evolucionó y se enriqueció a lo largo de su trayectoria, tanto en la armonía como en la forma, la instrumentación y el tratamiento expresivo de los materiales.
En mi caso también conviven recursos procedentes de distintas épocas. Puedo recurrir a procedimientos contrapuntísticos, estructuras formales tradicionales, sonoridades modales o tonales y, al mismo tiempo, incorporar elementos propios de los lenguajes post-tonales. Sin embargo, no utilizo estas referencias con la intención de reproducir un estilo histórico, sino de integrarlas dentro de mi propia estética. En ese sentido, la tradición funciona como punto de partida, no como límite.
Mendelssohn no fue, por supuesto, el único compositor que cultivó la sinfonía para cuerdas. También encontramos obras importantes de Benjamín Britten, Malcolm Arnold, William Schuman, Carlos Chávez, Philip Glass, John Corigliano y Tan Dun, entre otros. A esta tradición se suman mis dos sinfonías para orquesta de cuerdas: Terra Ignota y Los Dioses del Olimpo.
Existe, además, un repertorio inmenso para orquesta de cuerdas bajo otras denominaciones, como serenatas, suites, conciertos, divertimentos y sinfonietas. Creo que los compositores contemporáneos deberían continuar explorando este formato. La orquesta de cuerdas posee una sonoridad muy rica, flexible y agradecida: puede producir una gran transparencia, pero también una enorme densidad, fuerza dramática y variedad de colores.
Para mí, la orquesta de cuerdas no es simplemente una versión reducida de la orquesta sinfónica, sino un instrumento colectivo con identidad propia. Sus posibilidades expresivas son extraordinarias y permiten imaginar y desarrollar muchas obras de gran alcance.
Yalil, gracias por concedernos esta amena entrevista.
Yalil Guerra es hijo de los integrantes del famoso dúo cubano Rosell y Cary y hermano de la cantante Yamila Guerra, radicados en California. Compositor, director de orquesta, guitarrista clásico, productor discográfico y educador cubano-estadounidense, radicado en Los Ángeles, ha sido ganador de un Latin GRAMMY y recibido ocho nominaciones a este internacionalmente reconocido premio. Posee un doctorado en Composición y Teoría Musical de la UCLA. Es fundador y director artístico de la Guerra String Orchestra, del Hispano String Quartet y director de RYCY Productions, desde donde desarrolla proyectos dedicados a la creación, interpretación, grabación y difusión de la música clásica contemporánea, con especial énfasis en las obras hispanoamericanas.
Para contacto:
Yalil Guerra, Ph. D.
Composer, Professor, and Conductor
Email: yalilguerra1@mac.com
Web Page: www.yalilguerra.com
FB: yalilguerrafanpage
Instagram: yalilguerracomposer
Twitter: yalilguerra
RFP: Invitamos a los públicos de todas las latitudes a escuchar esta obra en YouTube.com
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